La primera vez que leí esta cita algo dentro de mí se conmovió. Sentí que había una gran sabiduría encerrada en las tres primeras preguntas que para mí se resumían en: ¿Cuándo dejaste de crear o ser movido por el arte en cualquiera de sus manifestaciones? Parece que nuestra cultura ha relegado la práctica del arte a los artistas profesionales, pero todos llevamos un artista dentro. Creo que el arte tiene el poder de conectarnos con nuestra energía vital y cuando perdemos esta conexión algo dentro de nosotros se apaga.

La creatividad es contagiosa y una vez que abrimos el canal para que fluya, inevitablemente impregna otros aspectos de nuestra vida. Nos conecta con la libertad de ser y expresar, dejando atrás los juicios y las exigencias. Esto no quiere decir que todo el mundo tenga que ser artista a tiempo completo, pero despertar la creatividad en nuestra vida nos hace sentirnos más plenos y felices. Mi experiencia como docente durante más de 15 años me lo demuestra. Entonces, ¿por qué nos cuesta tanto? Creo que las razones son múltiples: vivimos en una cultura que sobrevalora el éxito, que ha entronizado a los artistas como seres excepcionales y ha asociado connotaciones de sufrimiento y locura a la creación.

Sin embargo, nuestro peor enemigo reside dentro de nosotros, en la figura de nuestro crítico interno que castra nuestro disfrute y expresividad. Mi enfoque se centra en recuperar el contacto genuino con esta energía creativa y nuestro artista interior.
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En muchas sociedades chamánicas, si acudías a un chamán o persona curandera aquejado de desaliento, desánimo o depresión, te hacía una de estas cuatro preguntas: ¿Cuándo dejaste de bailar? ¿Cuándo dejaste de cantar? ¿Cuándo dejaste de embelesarte por los cuentos? ¿Cuándo dejaste de encontrar consuelo en el dulce territorio del silencio? Cuando dejamos de bailar, de cantar, de sentirnos hechizados por los cuentos, o de encontrar consuelo en el silencio, entonces es cuando hemos experimentado la pérdida del alma. Bailar, cantar, contar cuentos y el silencio son los cuatro bálsamos curativos universales.

                                       (Prólogo del libro “Mapas para el éxtasis” de Gabrielle Roth)
beatriz m barrio

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